Catalina la grande
Estas líneas no abordan a la emperatriz del siglo XVIII, esa que gobernó su imperio con puño firme y logró expandir sus fronteras hasta conseguir la hegemonía en el este de Europa. Tampoco comentaremos su biografía ni sus aventuras amorosas. En el fin del mundo, en la franja del suroeste existe un alcance de nombre y algo más. Catalina Pérez es diputada del Frente Amplio (FA) por el distrito tres en el norte de Chile, la zona del desierto y el epicentro del llamado “caso fundaciones”. La fiscalizadora de pelo cobrizo se encuentra en su segundo periodo parlamentario (2022-2026) tras la conquista de los votos y de los “territorios”. Ese concepto de moda e intrascendente.
Es probable que sea una coscolina que intentó salvar desde la ingenuidad a otro personaje del frenteamplismo llamado “Daniel el travieso”. Juntos iniciaron un proyecto más allá de los latidos del corazón y del servicio social; desde la vereda vanguardista ya no pueden culpar al empedrado ni a los poderes fácticos y todo indica que los caminos conducen al poderoso Crispi, pero esa es otra historia. El caso “fundaciones o convenios” del 2023 sigue en al ámbito judicial y en la prensa tras las filtraciones de mensajes entre la diputada y la persona “a quien amaba”. Desde Antofagasta, un medio independiente alertó sobre un llamativo modo de operar y “un denominador en común” no menor esparcido por el país, en simple, las distintas fundaciones operaban con recursos del Estado sin contar con “el giro, experiencia o capital para restituir los fondos”. La prensa libre hizo el trabajo y complicó al poder y a los privilegiados del frenteamplismo.
Es necesario detenernos en la figura nórdica de la diputada del FA ya que repite y sostiene comportamientos del genotipo progresista. Una generación callejera con propósitos refundacionales y un estilo comunicacional fundado en evadir las críticas sin asumir los errores(victimismo). Recurren a vestimentas, performances y escenarios cuando es necesario; con cientos de fundaciones que recibieron transferencias de dinero al estilo maná estatal (ya no es sequía es saqueo de lo público), ni hablar de los múltiples asesores que no asesoran, verdaderos fantasmas a honorarios millonarios. Esta generación pasó de la calle a un auto con chofer, y es probable, que ese conductor sea su único vínculo con la realidad chilena.
La diputada está imputada por fraude al fisco sumado a los cuestionamientos que ha recibido más allá de su entorno, en paralelo, la Corte de Apelaciones de Antofagasta decidirá su desafuero. Su principal defensa es un “no tenía conocimiento del convenio”, una muletilla del olvido del “manual frenteamplista” y del gobierno. En los últimos días, Catalina la enamorada ha señalado que los mensajes filtrados son de “los más grandes errores que he cometido”, “buscaba proteger a mi pareja” a una “persona que amaba” y que “traicionó mi confianza”. “He pagado costos políticos” con los mensajes que, según ella, fueron una respuesta a la “crisis comunicacional” del momento, ese fue su “abordaje”. No sabe si se presentará a la reelección y cree ser inocente.
Catalina la grande (sin mayúscula) es fiel reflejo de la generación que gobierna con una moral distinta, distante y distraída. La misma que vino a cambiar la política con torpezas y despilfarros increíbles en los espacios de poder, no es casual que algunos la denominen con el mote de “fraude amplio”. Otros proponen una serie llamada: “Catalina dejó la grande”. Tal vez, el sello y legado del gobierno actual es la banalidad, una fiesta trivial y una farra que aún no terminan.
Rodrigo Ojeda - Profesor de Historia
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